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Ernesto
Tornquist nació en Buenos Aires el 31 de diciembre de 1842, séptimo hijo
del matrimonio formado por un luterano y una católica. Su padre Jorge
Pedro Ernesto Tornquist se desempeñaba como cónsul de la ciudad libre de
Bremen en Montevideo y ejercía el comercio de importación en Buenos
Aires.
Corría el año 1856 cuando el joven Ernesto Tornquist es enviado a
estudiar a Alemania en una de las escuelas reales situadas en la ciudad de
Krefeld.
Ese par de años en Alemania y un previo paso por la escuela que German
Frers había implantado en el Buenos Aires de fines del racismo, fueron
los únicos estudios sistemáticos que poseyó.
A su retorno de Alemania Don Ernesto contaba con 16 años y comenzó a
trabajar como despachante de Aduana, en la casa comercial dirigida por su
cuñado "Altgelt Ferber y Cía.", firma dedicada la
exportación de lanas y cueros.
Para 1874 Tornquist pasa a conducir la firma que adopta la denominación
de "Ernesto Tornquist y Cía."
Ernesto Tornquist además invierte en saladeros, frigoríficos, adquiere
tierras en Santa Fé, Entre Ríos y fundamentalmente en los territorios
recién conquistados a los aborígenes.
La década del '80 será para el País y también para Ernesto Tornquist
la del inicio de la exportación.
En 1886 adquirió campos del Fuerte Argentino que fundara Alsina en 1876.
Adquirió otros campos en la Provincia de Buenos Aires, en Córdoba y en
San Luis.
Entre las principales empresas agropecuarias vinculadas a la casa
Tornquist, se destaca la S.A. Estancias y Colonias Curamalal, en el Sur de
Buenos Aires.
La presencia de Don Ernesto Tornquist también se hizo sentir en el
litoral por medio de la "Compañía de productos Kemmrich" y el
saladero "Santa Elena" de Entre Ríos".
Irrumpe en la industria azucarera obteniendo en 1886 la ley que le permite
crear en Rosario la gran "Refinaría Argentina", con ello a la
par de estimular la producción, obtiene que el país deje de importar
azúcar.
Durante toda la presidencia de Carlos Pellegrini (1886-1892) Tornquist
brindara su decidido y público sostén a las iniciativas financieras del
titular del Poder Ejecutivo y tampoco fue del todo ajeno a la creación
del Banco de la Nación. Su impulso empresario no se detiene.
En 1891 rehabilita la firma Sansinena con su frigorífico "La
Negra".
También incursionará en las industrias manufactureras ingresando como
fuerte accionista en los talleres metalúrgicos, "Rezzonico,
Ottonello y Cía.", que se transformara en "Tamet", crea
también "Ferrum".
En el norte surgirá la "Compañía Azucarera Tucumana". Tampoco
será ajeno a la pesca de ballena en las Islas Georgias, por medio de la
"Compañía Argentina de Pesca".
Explotará quebrachales en Santiago del Estero y tendrá injerencia en la
radicación de capitales Belgas para el ferrocarril del Norte en Santa
Fé. Para llevar a cabo estas obras contó con fieles colaboradores,
varios de ellos de origen Germano, como Theodoro de Bary, Yacohokade,
Máximo Hogeman, José María Rosa, Juan José Romero y Enrique Berduc
(ministro de Hacienda de Roca).
Tornquist sumaba a su mentalidad lógica y profunda, propia de sus
ancestros germanos, el genio y la sensibilidad latina que le venían de su
otra ascendencia -la materna- de origen italiano y español.
Ernesto Tornquist sostenía que "La política dominante en primera
línea en todas las grandes naciones, es la protección y el desarrollo de
sus industrias y de su comercio"; así mismo sostenía que la
industria era "la vaca lechera de la que vivimos".
"Será durante la segunda presidencia de Roca (1898-1904) cuando Don
Ernesto Tornquist jugara su prestigio en tres
cuestiones de suma importancia, la estabilidad de nuestra moneda, la
unificación de la deuda externa y la paz con Chile".
(Fernando María Madero)
En el primer caso el éxito coronó su gestión. Por su iniciativa y
secundado por el ministro de Hacienda José María Rosa, surgirá en 1899
la ley de conversión que crea el mecanismo para evitar tanto la baja como
la alza del peso en relación con el oro. Con la Caja de Conversión se
destruye la especulación y se brinda seguridad tanta al productor y al
industrial nacional como al inversor extranjero.
Pero junto al hombre de empresa también se refleja en Tornquist el
filántropo, el que levantaría iglesias de Cuatreros del pueblo que
fundara.
Su nombre también se vincula con el progreso del balneario de Mar del
Plata al que dota del Hotel Bristol y por cuya iniciativa surge el
edificio del Torreón.
En su ciudad de Buenos Aires levantará el Plaza Hotel, crea el Golf de
Palermo cerca a su quinta de la avenida Luis María Campos y Olleros.
Quinta aquella donde Don Ernesto Tornquist junto a su esposa -y sobrina-
Rosa Altgelt, rodeado de sus numerosos hijos, de sus parientes y de sus
amigos, festejaba estruendosamente (disparo de cañón mediante) la
coincidencia de su cumpleaños con el fin del año y comienzo del otro.
Pero no debe ser ésto visto como mera frivolidad.
Sus castillos, tanto el
de Belgrano como el que levantó en su Estancia de "La Ventana"
eran obras destinadas a perdurar.
El 17 de junio de 1908 fallecerá en Buenos Aires rodeado de sus
familiares y amigos íntimos.
El diario de los Mitre no vacilará en reconocer que Don Ernesto Tornquist
"gobernó en el país en el sentido más amplio y más útil de la
palabra".
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