Ex Club Hotel de la Ventana


A principios del siglo pasado, la compañía Ferrocarril del Sud ya albergaba entre sus proyectos el de construir hoteles a lo largo de sus líneas como una forma de aumentar el movimiento comercial.

Mientras tanto, un destacado especialista en enfermedades de las vías respiratorias, el Dr. Félix Muñoz, después de haber visitado las sierras de la ventana, había llegado a la conclusión de que era un lugar excelente para la construcción de un centro de salud para rehabilitación de enfermos.

Un hombre de la época, el Sr. Don Manuel Láinez, presentó esta idea al entonces gerente del Ferrocarril del Sud, el Sr. Percy Clarke, quien asoció ese interés al de la compañía.

En 70 ha, que Lainez canjeó por acciones de la compañía que se formó a tal efecto, a 550 m sobre el nivel del mar, entre los arroyos de Las Piedras y Belisario, y al pie de los cerros Colorado y Napostá, el director del Ferrocarril del Sud establecería un gran hotel de descanso para sus altos funcionarios que también construían redes ferroviarias en Brasil, Paraguay y Bolivia.

El 1º de diciembre de 1908 es inaugurada la parada Sauce Grande, que posteriormente tomaría el nombre de "Sierra de la Ventana", que pertenecía a la estación siguiente (hacia Bahía Blanca) situada a 27 km del Club Hotel. El cambio de nombre se debió a un pedido de la Dirección General de Correos y Telégrafos, para evitar que la correspondencia dirigida a los huéspedes del "Club Hotel Sierra de la Ventana" fuera recibida en la localidad homónima, la que desde entonces pasó a denominarse Saldungaray.

El 11 de noviembre de 1911 tuvo lugar la inauguración a todo lujo. Algunos datos para destacar son la presencia de 1200 personas, entre quienes hicieron uso de la palabra el embajador de Inglaterra Lord Barington, el presidente de la Compañía de Tierras y Hoteles de Sierra de la Ventana Don Samuel Hale Pearson y el Dr. Manuel Láinez en representación del gobierno de la Nación.

Luego se sirvió el banquete en centenares de mesas con vajilla de plata y porcelana ubicadas en el gran comedor, la sala de recepción, el hall y el solarium. El servicio fue atendido por el personal del Plaza Hotel de Bs. As. que terminó cumpliendo esa función hasta el cierre del hotel. El menú comprendió unos cuarenta platos distintos, veinte postres y veinte bebidas, siendo todas especialidades de primer nivel mundial.

La monumental edificación era del nivel de los mejores hoteles del mundo. Tenía una capacidad para 350 pasajeros, contaba con 173 habitaciones y 4 suites. La superficie cubierta era de 6400 metros cuadrados entre planta alta y planta baja. El huésped contaba allí con todas las comodidades: gran hall de entrada y sala de recepción, galería solarium, gran hall comedor o restaurante (con programa musical incluido), soberbio salón de fiestas, sala de juegos (que incluían cuatro mesas de ruleta y ocho mesas de punto y banca), torre mirador (desde donde se disfrutaba la vista de las sierras). También poseía: enfermería, farmacia, sala de planchado, peluquerías, amplio gimnasio, depósito de 1000 m2 ubicados en el subsuelo, gran cocina compuesta por cuatro hornos de cocción, cuatro de calentamiento y doce hornallas de medida excepcional, cervecero (con una capacidad de 300 l), sistema de ventiladores aéreos, etc.

Fuera del edificio pero parte indispensable de él, se hallaba la gran cisterna, que lo proveía de agua potable y tenía una capacidad de 12 millones de litros; el gigantesco lavadero y secadero de ropa (este último con un sistema de vapor seco); un molino harinero con toda su maquinaria, un complejo de panadería completo y una fábrica de fideos. Además: cámaras frigoríficas (con una producción de 40 barras de hielo al día), cámaras para la calefacción central, quinta y tambo propios, gran pabellón para el personal, una confitería al margen derecho del arroyo Las Piedras a la que se accedía por un puente de hierro, una capilla con un altar tallado en roble, ubicada al pie del cerro Manantiales, gran usina a vapor.

Para mantener el camino a Sierra de la Ventana, contaba con equipo vial propio: aplanadora, topadora, niveladora y motopala. Un sistema de cloacas derivaba el agua de los sanitarios a cámaras sépticas y de decantación.

Asimismo poseía un gran parque de 126 ha en el que podían encontrarse cedros abetos, eucaliptus y olmos que habían sido plantados por expertos paisajistas. Poseía también un complejo deportivo formado por: gran cancha de golf de 18 hoyos, cancha de fútbol, tres canchas de tenis que usaban en lugar de polvo de ladrillo el ripio fosilisado de Sierra de la Ventana, hipísmo con sus caballerías y cuidadores, piletas de natación (con renovación constante de agua de las sierras), además el Hotel ofrecía al pasajero los más variados y pintorescos paseos.

Resulta lamentable tener que relatar que esta monumental obra funcionó el brevísimo lapso de 6 años. La situación económica comenzó a complicarse en el año 1913, cuando se produjo la guerra en los Estados Balcánicos seguida por la gran guerra europea que estalló en agosto de 1914. Todos estos hechos provocaron que el hotel trabajara a pérdida agravando la situación una ley que dictó el presidente Hipólito Irigoyen, el 3 de noviembre de 1917, tendiente a reprimir los juegos de azar, que cerraba las salas de juego de todo el país. En ese año la compañía entró en liquidación y el hotel cerró definitivamente el 14 de marzo de 1920; el ramal se clausuró el 21 de marzo.

En 1942 la Provincia adquiere el hotel por $ 500 000 estando hasta ese momento completo. Luego fue impunemente saqueado, desde los vinos finos de las bodegas hasta el valioso mobiliario.

Durante la segunda guerra mundial, el hotel volvió a tener huéspedes: 330 tripulantes del Graff Spee, el acorazado alemán hundido en la batalla del Río de la Plata. Cada uno ocupó su lugar y volvieron a la vida al gigante. De esa época, los pueblos vecinos recuerdan los bailes que la banda del acorazado organizaba cada 15 días en la sala de los espejos del hotel en los que participaba mucha gente. En enero de 1946 el grupo partió y comenzó el desmantelamiento total del edificio. En la década del 60 sirvió de sede del Centro de Estudios de Ingeniería forestal y Corrección de Vertientes "Florentino Ameghino". Aunque se hicieron refacciones y se proyectaban muchas más, en corto tiempo se vió nuevamente en el olvido.

En 1979, cuando comenzó a demolerse el complejo y a talarse el bosque por parte de la municipalidad, se logró detener la destrucción total. En 1980 lo compró la Sociedad Anónima (Frigorífico Guaraní), que proyectaba la creación de un polo turístico, pero el viernes 8 de julio de 1983 un incendio dudoso redujo a escombros y cenizas a este símbolo de una época.

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