|
En
el siglo XIX los aborígenes de la región pampeana y sus adyacencias
resultan, de un proceso de cambios y contactos culturales, entre el hombre
blanco y el indígena, así como la fusión de poblaciones, proceso que
comenzó a operarse en el sector desde fines del siglo XVI.
Varios aspectos de este proceso son interesantes, sobre todo uno de ellos:
la adopción del caballo y otras costumbres de los blancos, asimiladas por
los aborígenes.
Formaban en esta región bandas de cazadores - recolectores que basaban la
subsistencia en la casa del guanaco, para lo cual las boleadoras
constituían su principal elemento.
La vida de estos grupos se transformó profundamente, al adquirir los
hábitos ecuestres, en la zona el caballo les brindó, ante todo una gran
facilidad de movimiento, tanto en velocidad y distancia, como en capacidad
de carga permitiendo a las bandas desplazamientos imposibles para cazadores
a pie. Modificó también las formas de obtención del alimento,
permitiendo la realización de grandes cacerías colectivas; las boleadas,
especialmente de guanacos y avestruces, la captura de estos animales
además de contribuir a la dieta, proporcionaban cuero y pieles, que
constituían junto a las plumas de avestruz, un rubro importante en los
intercambios que se efectuaban en las pulperías y puntos de frontera.
El aprovechamiento de los animales cazados era total, la carne y una
fuente adicional de proteínas era proporcionada por la recolección de
huevos de avestruz.
El cuero era empleado, en la construcción de toldos, vivienda
característica de la región, también servía como lecho o asiento, para
confeccionar ropas y para preparar las conocidas botas de potro (calzado
por excelencia de los pampas y los gauchos), era la materia prima de
múltiples utensilios de uso cotidianos.
La idea del nomadismo debe limitarse, dado que aunque la circulación del
ganado obligaba a una alta movilidad de la población, existían
tolderías como asentamientos fijos.
Nuestros pampas eran de gran estatura, esto llamó la atención de los
primeros conquistadores.
Trabajaban la piedra con la que hacían sus puntas de flechas, los
raspadores, para trabajar las pieles, martillo y cuchillos.
Fabricaban una cerámica de simple decoración, con trazos geométricos,
arte que abandonaron cuando adoptaron el caballo como medio de transporte,
ya que utilizaban piezas de cestería para el traslado, incluso del agua.
|