Comentarios de Marcelo Lisnovsky
 


 

Recuerdo...
La gran nevada de julio de 1973, mi primera visión del Cerro Ventana Nevado. Veo al adolescente que era entonces encaramarse solo hasta el Hueco, sin experiencia, sin equipo, sin compañeros (nadie me quiso seguir por las escarpadas canaletas de hielo)...

Algo nació ese día. Mi amor por la piedra, el sol, la nieve, las alturas..... Aún continúa vivo.
Más fuerte que entonces.

Mi primer intento al Tres Picos. Una tormenta de granizo y nieve nos hizo retroceder muy lejos aún de las primeras cuestas...

1981. El segundo intento al Tres Picos. Solo, como sería normal en el futuro. El viento invernal golpeando el filo que asciende desde Villa Ventana.... El regreso.

Me veo en el invierno de 1984 saliendo solo hacia lo desconocido desde el Hotel Provincial. A las dos de la mañana, ya que conocía la prohibición de atravesar esos campos en dirección al Tres Picos: el frío, la soledad, el cansancio, el regreso...

En mayo de 1985 fui decidido a llegar a la cima. Partiendo desde Villa Ventana un atardecer, el vivac en el filo, la noche fría, el viento, el insomnio, la soledad. Mi renuncia al pie de la canaleta del Tres Picos. Me parecía muy difícil y peligroso, después de la dura noche pasada.
El regreso por los cañadones hacia Sierra de la Ventana. El extravío. El camino de tierra que conducía al pueblo. La llegada al hotel, el reencuentro con mi familia. 36 horas después de haber partido!

Invierno de 1990. El regreso al Hueco de la Ventana, que no visitaba desde 1981.

El intento de 1992, en pleno enero. Mi primera visita a la cumbre del Napostá, y allí delante, el Tres Picos. Pero ya no tuve fuerzas para continuar y volví a la Villa.....

Por fin, en enero de 1994, la cumbre del Tres Picos! Sólo 5 horas desde la ruta 76. Más fácil de lo que parecía. Más imponente de lo que suponía. Más solitaria que las siguientes visitas...

Y continuaron mis viajes. Mi primer vivac en la Cueva de los Guanacos, en abril de 1997. Y sin bolsa de dormir!

Otro vivac en el verano de 1999, y un inoportuno zorrino que no me dejó dormir en toda la noche, entrando y saliendo de la Cueva.

Los viajes relámpago desde Miramar, donde me esperaba la familia, hasta Sierra y regreso. 1000 km en dos días!

Mi primera yarará, en la cumbre del Ventana. Y los guanacos en la soledad de los cañadones. Y el zorro que huyó cerca de Hogar Funke. Y las liebres, perdices y teros. Y los arroyos, cascadas y vados. Y los árboles, y las flores, y las piedras. Y el Sol y la Luna. Y el frío y el calor. Y la amistad de la gente. Y los sueños.

Estas son mis vivencias. Y hoy quería compartirlas con ustedes.

Un abrazo

Marcelo Lisnovsky