Comentarios de Jorge Frapiccini y flia.
 


 


Hola, cuando era pequeño íbamos con mis padres desde Coronel Pringles que queda a 50 kms. de Sierra de la Ventana. Por años, los fines de semana pasábamos allí los mejores momentos.

Recuerdo las escaladas a la Sierra de la Ventana casi sin sentirlo.... luego los panchos al pie de la sierra, devorados con un apetito al límite.

Recuerdo nuestro viaje de vuelta a Pringles por el camino de tierra  pasando por el Puente Blanco... llenos del polvillo famoso pero felices.

Pasados los años, me radiqué en La Pampa, y hasta tres veces al año volvimos mi familia (mi esposa, dos hijos y yo) a Sierra: mis dos hijos varones aprendieron de niñitos a amar ese lugar tan caro a mi corazón. Mi esposa es la única que no ha subido el Cerro de la Ventana hasta la cumbre, pero mis hijos y yo lo hacíamos cada vez que íbamos... felices, pero exhaustos a veces, otras..sin la provisión necesaria... otras con mochilas cargadas.

Ahora, mis hijos casados, vuelven con sus esposas al lugar amado, conocemos  los tiempos de los aromos florecidos, los amarillos fuertes de las retamas, las crecidas de los arroyos, los pinos que tanto amamos.

No sé si alguien recuerda cuando se quemara toda la vegetación en la zona de Villa...cómo nos impactó! porque ese invierno fuimos cuando estaba nevando y las crestas negras de los árboles muertos se dejaban ver por entre la blanquísima manta de nieve como un mudo y silencioso expectro de muerte.... pero como la vida nace de la muerte,  aunque no podíamos imaginar que así sería: miles de renuevos salieron de la tierra, por las miles de semillas de cada especie que habían ido enterrándose silenciosas debajo de los árboles ya muertos por el fuego...y al volver al Abra de la Ventana al año siguiente: un tapiz mágico de verdes cubría las laderas de las  montañas con las diferentes especies que otrora fueran árboles viejos y altos.

Como no podía ser de otra manera, tomamos uno de esos pequeñísimos arbolitos (ayudándonos de un cuchillito de mesa que teníamos a mano) y lo plantamos en nuestro parque en casa y hoy, varios años después, me recuerda ese tan querido lugar, porque sus ramas ya soy adultas...como no podía ser de otra manera!.

No vemos la hora con mi esposa que nuestro nieto nazca, crezca y podamos llevarlo a recorrer el camino de sus abuelos en las montañas de Sierra.

Si alguien quiere compartir conmigo sus vivencias en Sierra: soy Jorge y mi dirección es  frapicci@infovia.com.ar

Saludos...